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Tortugas sin caparazón, evidencias fósiles

Tortugas sin caparazón

Las tortugas se corresponden con uno de los grupos de reptiles más antiguos que habitan sobre la Tierra. Aunque tradicionalmente se consideraban reptiles anápsidos, hoy en día es bien conocido, mediante la aplicación de técnicas moleculares, que estos animales se incluyen dentro de la subclase Diapsida. Actualmente existen alrededor de 320 especies de estos curiosos animales, a los cuales identificamos rápidamente por la presencia de un gran caparazón prácticamente impenetrable que las protege de los ataques de algunos depredadores. No obstante, en la historia evolutiva del grupo han existido tortugas sin caparazón y, actualmente, existen especies de quelonios cuyo caparazón no tiene la estructura típica que conocemos en las especies más comunes.

A diferencia del resto de los tetrápodos, las tortugas forman su caparazón por el ensanchamiento de las costillas y vértebras, para formar los componentes de esta estructura en forma de placas y no a partir de osteodermos.

Tortugas sin caparazón: evidencias fósiles

Algunos quelonios primitivos como las del género Odontochelys, básicamente eran tortugas sin caparazón verdadero. Sus características más llamativas era la existencia de costillas ensanchadas que protegían gran parte de la región ventral. Sin embargo, no poseían protección dorsal de ningún tipo. Los estudios recientes con base en la evidencia fósil, destacan la secuencia evolutiva en la adquisición del caparazón en especies de géneros Pappochelys, Odontochelys y Eorhynchochelys del Triásico y Eunotosaurus del Pérmico.

El descubrimiento de nuevas formas fósiles de estos animales ha revelado una compleja evolución dentro de este grupo de vertebrados, puesto que los testudines son los únicos vertebrados con un caparazón óseo integrado con el esqueleto axial. Los pantestudines tenían un aspecto similar a los quelonios, sin embargo, ni la región del dorso ni el vientre poseían las placas óseas que conforman el caparazón. En adición, estos animales se caracterizaban por poseer un rostro con el pico característico de las tortugas actuales y, además, poseían dientes.

En Eunotosaurus, queda claro que las tortugas provienen de un antecesor diápsido, ya que poseía dos fosas temporales recubiertas por la formación de placas de los huesos supratemporal y escamosal. Adicionalmente, las costillas de estas tortugas sin caparazón mostraban un notable ensanchamiento y una conformación plana, lo que constituye un indicio importante en la evolución del grupo para la formación del caparazón.

Otros grupos de tortugas sin caparazón extintas

Otros grupos de tortugas como Odontochelys, al igual que otras especies primitivas, eran notablemente diferentes a los testudines actuales. En primer lugar, poseían dientes en un rostro con pico. Sin embargo, en Odotochelys ya existe un plastrón similar al de las tortugas vivas en la actualidad, pero no muy bien definido y probablemente, proveía de rigidez al tronco de estos animales para lograr cavar de una forma más eficiente.

Con el estudio de otros grupos como Papochelys, también se demuestran los cambios evolutivos que sufrieron las tortugas sin caparazón, para acercarse a la condición de los testudines actuales. En este género, se evidencia que estos animales tenían un modo de vida predominantemente anfibio o fosorial, por lo que la formación del caparazón inició su camino en tierra, en vez de formarse en un medio acuático como se pensaba inicialmente.

Esto también se encuentra soportado en la configuración medular de los huesos de las patas que sugieren un hábito anfibio. Por otro lado, la mayoría de estos representantes fósiles de tortugas sin caparazón fueron encontrados en ambientes donde existieron lagos poco profundos o ambientes marinos con aguas someras, por lo cual no pudieron ser animales completamente acuáticos. La presencia de garras robustas en taxones como Eunotosaurus, Pappochelys y Odontochelys son un indicativo de que estas tortugas sin caparazón tenían hábitos cavadores.

Tortugas de caparazón blando

Actualmente, existe un grupo de tortugas cuyo caparazón difiere en gran medida de los típicos animales acorazados. Por esta razón, dan la impresión de ser tortugas sin caparazón. La cubierta de los testudines, en su porción dorsal, se encuentra conformada tanto por componentes endoesqueléticos como exoesqueléticos. Las costillas ensanchadas y las espinas neurales se juntan con osificaciones metaplásicas secundarias, que se suturan para formar los bien conocidos caparazones rígidos de las tortugas, que se extienden desde las capas endoesqueléticas hasta la dermis.

Dentro de los testudines actuales, existe una familia denominada Trionychidae, que incluye un conjunto de poco más de 30 especies de animales cuyo caparazón difiere del de la mayoría de especímenes del grupo. Estas criaturas se caracterizan por no presentar un caparazón rígido, sino que más bien están cubiertas por una piel gruesa en lugar de presentar placas óseas. Entre los géneros más característicos podemos citar el género Pelodiscus, Pelochelys, Amyda y Apalone, las cuales también son llamadas tortugas sin caparazón, debido a su apariencia tan extraña. Estas tortugas pasan gran parte de su vida escondidas bajo la arena o el lodo. Dichas costumbres se asocian a sus características morfológicas.

Características del caparazón blando

Gran parte de los quelonios de esta familia presentan un caparazón aplanado que carece de placas córneas como en la mayoría de los testudines. En vez de esto, poseen una piel gruesa que las recubre. A pesar de parecer tortugas sin caparazón, la estructura del mismo es muy resistente, ya que cuentan como una serie de placas óseas planas con forma de emparedado, que presenta dos placas de huesos (una interna y otra externa que rodean al hueso esponjoso).

La placa de hueso externa consta de dos partes, la más externa se constituye por parte del hueso lamelar y da la ornamentación típica del caparazón de las tortugas de la familia Trionychidae. La segunda capa interna consta igualmente de hueso lamelar. Por otro lado, la placa de hueso interna presenta una serie de capas muy ordenadas de haces de fibras de colágeno, los cuales también prescriben la dirección del arreglo de la fase mineral de hueso (cristales de hidroxilapatita). Esta disposición de los componentes del caparazón son muy resistentes y livianos.

Lo anterior permitió a los quelonios de esta familia aplanar el caparazón y reducirlo en gran medida, lo que trajo como consecuencia una reducción de los componentes minerales duros, un mejor camuflaje en las áreas donde habitan, una mayor efectividad para capturar a sus presas, estabilidad biomecánica, mayor agilidad y mejor capacidad de nado.

Ficha descriptiva sobre tortugas sin caparazón, y aquellas de caparazón blando

Referencias

  1. Lyson, T. R., & Bever, G. S. (2020). Origin and evolution of the turtle body plan. Annual Review of Ecology, Evolution, and Systematics, 51, 143-166.
  2. Modesto, S. P. (2000). Eunotosaurus africanus and the Gondwanan ancestry of anapsid reptiles. Palaeontologia africana, 36, 15-20.
  3. Schoch, R. R., Klein, N., Scheyer, T. M., & Sues, H. D. (2019). Microanatomy of the stem-turtle Pappochelys rosinae indicates a predominantly fossorial mode of life and clarifies early steps in the evolution of the shell. Scientific reports, 9(1), 1-10.
  4. Scheyer, T. M., Sander, P. M., Joyce, W. G., Böhme, W., & Witzel, U. (2007). A plywood structure in the shell of fossil and living soft-shelled turtles (Trionychidae) and its evolutionary implications. Organisms Diversity & Evolution, 7(2), 136-144.

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